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Ella es Carolina… ¡Conócela!

Ella es Carolina… 

Por respeto a la ideología de Carolina, se omite publicar su rostro.

Todos los días se levanta muy temprano para hacer las tortillas y limpiar su casa. Después, cuando tiene tiempo, borda un par de horas antes de recibir a sus cinco hijos que vuelven de la escuela para comer.

Al bordado le dedica de dos a tres horas diarias, momentos que goza mucho por el simple hecho de poderlo hacer en casa. En la tarde, si el clima se lo permite, sale a caminar para descansar los ojos y regresando vuelve a dedicar su atención a la cocina.

Carolina es una artesana de la comunidad de Mitontic. Hoy, a sus treinta años de edad, trabaja en sus bordados para ayudar a mantener a su familia. Su idioma natal es el tsotsil, entiende español, pero lo habla muy poco. Con sólo quince años se casó y al poco tiempo nació el primero de sus hijos.

El mismo día de la boda le regalaron su primera manta para bordar. Sin ningún conocimiento previo aprendió a bordar sola, mérito que mantiene y procura actualizar constantemente. Esto le permitió no sólo preservar y cultivar los usos y costumbres comunitarios, sino también ocupar un lugar de relevancia económica en el hogar.

Para ella el bordado es muy importante, pues le ayuda a mejorar su calidad de vida y a dejar el trabajo del campo como una actividad secundaria. Al finalizar el bordado de una prenda se siente orgullosa y simplemente feliz porque sabe que le va a dejar algo de dinero para mejorar la alimentación de su familia, que es lo que más le importa.

-Mi vida ha cambiado porque antes salíamos a trabajar al campo e íbamos a cargar leña, pero ahora que el bordado nos da un poco de dinero, ya no tenemos que ir a hacer mucho en el campo.”

 

Sin embargo, Carolina considera que sus bordados no son del todo bien pagados. -Ahora de una blusa nos pagan 80 pesos, perocreo que una blusa de las que hacemos cuesta como 150 o 200 pesos- nos cuenta mientras pasa una y otra vez el hilo entre sus dedos.

Ella quiere que sus bordados sean mejor pagados, que se tomen en cuenta las horas que trabaja en cada blusa, y que se valoren los productos textiles que elabora. Considera que su trabajo es único y especial por el simple hecho de ser creado con sus propias manos. -Los bordados que yo hago son diferentes, porque son míos- dice sonriente.

 

En las comunidades indígenas de Los Altos de Chiapas, se acostumbra que las mujeres elaboren su propia vestimenta y la de su familia. De igual manera, trabajan las prendas de las autoridades religiosas de su comunidad, así como las elaboradas y coloridas vestimentas para usarse en fiestas y fechas importantes.

Sin embargo, la transmisión de estos conocimientos y saberes es cada vez más escasa y rara. Las labores del hogar, la precariedad económica y el cuidado de los hijos dejan a las mujeres poco tiempo para mantener las tradiciones textiles.

 

 

 

2017-12-07T18:23:49+00:00

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