Desigualdad y pobreza, los retos del siglo XXI

Desigualdad y pobreza, causadas por la acumulación de capital en manos de unos cuantos, parecieran condiciones inevitables del siglo XXI. Ambas, relacionadas históricamente, son aspectos del neoliberalismo más voraz, un sistema basado en la libre oferta y el despojo, nunca en el poder de la fuerza de trabajo y en la libertad productiva.

Es en el trabajo, justamente, en donde la maquinaria económica ejerce su dominio, pues las grandes cadenas de producción muchas veces son cadenas de explotación humana, en donde mujeres, niñas y niños, principalmente, son empleadas como mano de obra barata, en condiciones ínfimas y sin derechos laborales.

En el informe de Oxfam, de enero de 2018, se lee: “En 12 meses, la riqueza de esta élite ha aumentado en 762 000 millones de dólares. Este incremento podría haber terminado con la pobreza extrema en el mundo hasta siete veces. El 82% de la riqueza generada durante el último año fue a parar a manos del 1% más rico, mientras que la riqueza del 50% más pobre no aumentó lo más mínimo. La riqueza extrema de unos pocos se erige sobre el trabajo peligroso y mal remunerado de una mayoría.”

 

En el mismo documento se cita un estudio del Fondo Monetario Internacional (FMI), realizado en 140 países, en los que se encontró que existe una relación entre la desigualdad de género y la desigualdad de ingresos, y se señala que las mujeres son las más afectadas, ya que con frecuencia ocupan los empleos con salarios más bajos, precarios e inseguros.

Bajo ese contexto, en nuestro país “solo 45 por ciento de las mujeres trabajadoras desempeñan una labor remunerada y ganan entre 13 y 15 por ciento menos que los hombres por realizar el mismo trabajo”, según consta en el Informe Desigualdades 2018 del Colegio de México (Colmex).

Además de abordar la desigualdad como fenómeno que afecta a grupos vulnerables, principalmente a mujeres, indígenas, adultos mayores, en el informe del Colmex se explica que este problema existe, incluso, entre habitantes de unos y otros estados: “Los mercados laborales en los estados del sur presentan los salarios más bajos y no se observa que se acerquen sustancialmente a los niveles de remuneración de las entidades con mayor desarrollo económico. Los estados con los salarios más altos son Baja California Sur, Ciudad de México, Nuevo León y Querétaro.”

 

México, 53 millones de pobres

Poco más de 53 millones de mexicanos viven en situación de pobreza, de acuerdo al Informe de Evaluación de Política de Desarrollo Social 2018, elaborado por el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (CONEVAL).

 

De acuerdo a esta cifra, el 43% la población total de México, unos 124 millones, aproximadamente, no cuenta con las condiciones mínimas para su desarrollo personal y económico, ni total acceso a la canasta básica ni a un empleo seguro.

Esto resulta alarmante si tomamos en cuenta que, en los últimos 10 años, el índice de pobreza no ha cambiado significativamente, más bien se ha mantenido: en 2010, se registraron 53,4 millones de mexicanos pobres. Lo que refleja ineficacia en las estrategias gubernamentales para solucionar problemas sociales que vulneran directamente la integridad de la población, si tomamos en cuenta que ésta, en buena medida, ha contribuido a forjar caudalosas fortunas personales que aparecen en las listas de Forbes.

Y no sólo eso, según el Informe Anual del FMI 2017, México se ha integrado a la economía mundial al “elevar su productividad, mejorar la competitividad, reducir los costos de financiamiento y diversificar la base de inversionistas…”, y revela que en 2016 la inversión extranjera alcanzó los 26, 700 millones de dólares. El documento también dice que, diariamente, se cierran negociaciones con peso mexicano, en un volumen aproximado de 97 000 millones de dólares en todo el mundo, por lo que se considera como la segunda moneda más negociada del mercado emergente.

Pero en nuestro país esta dinámica global del capital acumulado en pocas manos, limita la productividad y el crecimiento económico, de acuerdo a lo expresado por Gabriela Ramos, directora de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), y que consta en un artículo firmado por Ivette Saldaña, publicado el 26 de junio de 2018 en la página web de El Universal. En el texto también se comenta sobre privilegios de clase, al existir jóvenes en situación de pobreza que no tienen acceso a una educación de calidad, y cuya gran mayoría trabaja en condiciones informales.

Por su parte, el Centro de Estudios Espinosa Yglesias (CEEY) explica en un comunicado, según una nota del 8 de mayo de 2018 aparecida en el sitio virtual de Proceso, que, además de la pobreza y la desigualdad, la escasa movilidad social imposibilita a los mexicanos pobres a mejorar su calidad de vida: “Los estudios sobre la movilidad social intergeneracional revelan que 7 de cada 10 mexicanos que nacen pobres, se quedan pobres toda su vida.”

Al respecto, el estado mexicano debe garantizar el bienestar social al implementar políticas públicas que en verdad acaben con el desempleo, la marginación y la pobreza, factores que contribuyen a que la brecha de desigualdad en México crezca y vulnere los principios básicos de subsistencia.

De esta forma se generaría una reactivación económica en casi un 50% de la población, lo que a su vez significaría, teóricamente, posibilidades de movilidad social e incremento en la calidad de vida, además de sumar esfuerzos en la reducción de la criminalidad y de otras problemáticas relacionadas, y que afectan a toda la sociedad sin distinción de género, nivel de estudios o poder adquisitivo.

Se ha demostrado que la inversión pública para mantener el bienestar social genera resultados positivos en todos los aspectos. Pero tiene que haber una estrategia integral a corto, mediano y largo plazo. Si, por ejemplo, el Estado y sus instituciones mejoran la calidad de la educación, lo que por sí solo es un avance, sustancialmente se multiplica el efecto si también se generan fuentes de empleo seguro y bien remunerado, y además se actúa de forma efectiva y articulada en un área fundamental, el desarrollo humano.

Desde esta mirada, se puede atender los problemas de la pobreza y la desigualdad en México, si se crean espacios profesionales de acompañamiento emocional y atención psicológica, de trabajo social, de reinserción a la sociedad, guarderías, casas de niños y jóvenes en situación de calle, casas de adultos mayores, casas de asistencia, albergues.

Es decir, si se trabaja con los mexicanos más desfavorecidos, que suman millones viviendo en situación de pobreza y pobreza extrema, se estaría rehaciendo el tejido social en todo el país, puesto que, debido a la guerra contra el narcotráfico, la ola de violencia e inseguridad ha aumentado en los últimos 12 años, lo que sin duda contribuye a crear un clima propicio para mayor desigualdad y pobreza.

Sin duda, un panorama desolador, si no se aplican las medidas adecuadas. Urge un cambio en la política económica y una mayor sensibilidad de los funcionarios públicos para solucionar problemas de fondo.

Son temas pendientes de la agenda nacional. Y hay mucho trabajo por hacer si queremos un cambio real y verdadero.  Esto implica que todas las partes, gobierno, iniciativa privada, universidades, sociedad civil, ciudadanos libres, asociaciones civiles, etc, debemos participar en la construcción y ejecución de esa agenda nacional.

Solo así, organizados, con un ánimo nacional renovado, con ese espíritu alegre y positivo que se demuestra en emergencias, es como los mexicanos podemos reconstruir nuestro país, nuestra casa, dotarlo de aspectos que no tenía pero que son necesarios, como mejorar los salarios y las condiciones laborales para todos, pero especialmente para mujeres; generar estrategias para que jóvenes profesionistas ejerzan lo que estudiaron en las universidades y sus ingresos sean buenos; abrir las escuelas, las universidades, para que todos estudien y se formen con calidad y valores, con la idea del bien común, de servir al prójimo, de hacer el mejor esfuerzo, siempre.  

Por Redacción Impacto

 

2018-10-17T12:48:11+00:00