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Huixtán, Chiapas.

Mi sueño es aprender y viajar con mis productos muy lejos. Hasta donde estén las personas enamoradas, hasta donde estén las personas de buen corazón y buenos sentimientos.

Mi nombre es Carmela Hernández Vázquez. Vivo en el municipio de Huixtán, en Chiapas, México. Tengo 25 años y vivo con mi mamá, mi papá y dos hermanitas. Mi mamá me enseñó a bordar desde pequeña. Cuando cumplí 15 años empecé a aprender mejor con mi tía. Cuando bordo el tiempo se pasa muy rápido, es algo que me gusta mucho. Mi cosa favorita para bordar son las flores. En Huixtán tenemos muchas flores bonitas que nos alegran los ojos. Cuando bordamos las flores se nos olvidan los problemas, sonreímos, recordamos a quienes queremos y si estamos enamoradas dedicamos nuestros bordados a nuestro enamorado. Yo ya no pude seguir estudiando porque mis papás no podían enviarme a la escuela secundaria que está lejos del pueblo. No teníamos dinero porque mi papá no tiene un trabajo, a veces siembra maíz y frijol y otras veces hace trabajos de carpintería. Mi mamá me enseñó a bordar porque ella borda también pero ya casi no puede ver. Yo estoy trabajando con impacto porque me contaron que podía aprender a hacer mi artesanía mejor y más bonita, y porque me gusta mucho aprender sobre como bordar mejor, como hacer mejores productos, como hacer nuevos productos, lo que más me gusta de mi trabajo es utilizar muchos colores y ver todas las cosas que se pueden hacer nuevas. Usar nuestra imaginación para crear cosas nuevas, trabajar en equipo con las otras mujeres, reunirnos, revisar el trabajo. Pienso que mi bordado está mejorando mucho y que quiero aprender muchas cosas nuevas y llevar mis productos a muchos lugares fuera de aquí, a México y a otras partes del mundo.

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Gracias a impacto conocí Oaxaca, donde nos llevaron para conocer otras técnicas, otras artesanas y saber como le hacen. Oaxaca es una ciudad muy bonita y las personas son muy amables. Cuando salí para Oaxaca tenía mucho miedo porque nunca había salido tan lejos, sólo a San Cristóbal, y cuando empezamos el viaje tuve miedo pero sabía que tenía que viajar porque tenía que conocer para luego contar todo lo que viera a las mujeres de mi comunidad, para que pudiéramos mejorar nuestras artesanías. Mientras estábamos allá anotamos todo lo que veíamos y nos gustó mucho como se ayudan los hombres y las mujeres allá. En nuestra comunidad tuvimos una plática de igualdad de género, impacto nos contó que los hombres y las mujeres tenemos el mismo valor y que tenemos que querernos, respetarnos y cuidarnos. Lo platicamos en nuestras casas y hay muchos hombres que estuvieron de acuerdo. Ya podemos salir, y tomar nuestras propias decisiones, viajar solas y salir a san Cristóbal para conseguir material. Antes yo tenía mucho miedo de salir de la comunidad, pero ahora ya sé estar sola en la ciudad, y mis padres saben que puedo cuidarme sola. Me siento muy feliz de trabajar como artesana porque he podido viajar y conocer a muchas personas diferentes, de muchos otros países y muchos otros lugares. Estoy aprendiendo muchas cosas nuevas y quiero viajar mucho y seguir conociendo para aprender nuevas cosas y mejorar nuestros productos.

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